Una revisión publicada en junio de 2026 en Periodontology 2000 plantea que la mayoría de los casos de periimplantitis pueden prevenirse. Sus autores, Stephen T. Chen, Alberto Monje, Franz J. Strauss, Frank Schwarz, Andrea Roccuzzo, Irena Sailer, Dennis Tarnow, France Lambert, Sascha Jovanovic y Daniel Buser, proponen entenderla no como una enfermedad en sentido clásico, sino como una complicación del tratamiento sobre la que el profesional tiene un amplio margen de actuación.
La revisión parte de un dato de contexto: según la revisión sistemática más reciente que aplica los criterios diagnósticos del World Workshop de 2017, la prevalencia de periimplantitis se sitúa en el 25 % de los pacientes y el 18 % de los implantes. Los autores advierten de que estas cifras se han llegado a normalizar, y defienden que una parte importante de ellas puede reducirse.
Un autor español en el equipo. Entre los firmantes está el Dr. Alberto Monje, del Departamento de Periodoncia de la Universitat Internacional de Catalunya (Barcelona), vinculado también a la Universidad de Berna y a la Universidad de Michigan. Monje es autor de numerosos trabajos científicos sobre periimplantitis.
De enfermedad a complicación: por qué importa el cambio de enfoque
Desde finales de los años noventa, la periimplantitis se ha descrito sobre todo como una enfermedad ligada a factores del paciente: tabaco, diabetes, antecedentes de periodontitis o una higiene deficiente. Los autores señalan que ese encuadre tiene un efecto secundario: deja en segundo plano el papel de la planificación y la ejecución del tratamiento. A ello se suma que la periimplantitis suele aparecer años después de colocar el implante, lo que dificulta relacionarla con lo que ocurrió en la cirugía o en la fase protésica.
La revisión recuerda que en otras especialidades no se razona así. En ortopedia, por ejemplo, la infección de una prótesis articular se considera de forma universal una complicación, no una enfermedad.
El dato que sustenta el cambio de enfoque procede de un estudio retrospectivo con 332 implantes (207 sanos y 125 con periimplantitis) en 56 pacientes. En él, el desencadenante fue quirúrgico en el 40,8 % de los casos y protésico en el 30,4 %. En total, el 71,2 % de las periimplantitis tenía un origen relacionado con el clínico. Solo el 28,8 % se atribuyó exclusivamente a la placa.
Los autores no niegan el papel de las bacterias ni de la respuesta del huésped. Lo que proponen es que, en la mayoría de los casos, el proceso arranca en una decisión diagnóstica, quirúrgica o protésica que podía haberse evitado.
El factor predisponente principal: superficie microrrugosa expuesta al surco
El eje de toda la revisión es una idea sencilla: el riesgo aparece cuando la superficie microrrugosa del implante queda expuesta al surco periimplantario. Frente a las superficies mecanizadas, las microrrugosas presentan una adhesión bacteriana significativamente mayor y desencadenan una respuesta inmunitaria más intensa. Cuando esa superficie expuesta se coloniza por biopelícula, un paciente susceptible puede desarrollar periimplantitis.
A partir de aquí, la revisión repasa qué factores provocan esa exposición y cómo evitarlos.
Diseño híbrido y colocación subcrestal: un margen de seguridad
Una de las recomendaciones más claras del trabajo tiene que ver con el diseño del implante. Ya en 1993, Dennis Tarnow, coautor de esta revisión, advirtió que llevar la superficie rugosa hasta el hombro del implante aumentaría el riesgo de periimplantitis, y propuso un diseño “híbrido”: superficie rugosa en la porción intraósea y superficie mecanizada en la zona transmucosa.
Los autores repasan los datos acumulados desde entonces:
- En un análisis a 9 años del registro sueco de implantes, la menor tasa de fracaso (1,2 %) correspondió a implantes de diseño híbrido, frente al 3,7 % y el 4,0 % de dos sistemas no híbridos.
- En un estudio a 10 años con implantes no híbridos, la tasa de fracaso fue del 5,3 % y la prevalencia de periimplantitis del 11,8 %. En otro estudio a 10 años con implantes híbridos de nivel tisular, las cifras fueron del 1,2 % y el 1,8 %.
- Implantes con superficie mecanizada seguidos entre 13 y 32 años mostraron un 1,2 % de periimplantitis; un sistema no híbrido de superficie anodizada, un 33 % tras una media de 10,4 años.
Conviene leer estas cifras con cautela: proceden de estudios distintos, con poblaciones y protocolos diferentes, y no de ensayos comparativos directos. Aun así, la conclusión de los autores es explícita: recomiendan “encarecidamente” que el cirujano considere implantes de superficie híbrida, en especial en pacientes con perfil de riesgo sistémico o local elevado. También aconsejan situar la transición entre superficie rugosa y lisa ligeramente por debajo de la cresta (en torno a 1 mm) como margen de seguridad frente a la pérdida ósea inicial.
En implantes a nivel óseo, la revisión recomienda sistemas con plataforma reducida (platform switching) combinada con una conexión cónica interna estable, diseñados para minimizar la pérdida ósea crestal.
Factores quirúrgicos
Cresta estrecha y necrosis avascular
Cuando el implante se coloca en una cresta con poco espesor vestibulolingual, el aporte vascular de la cortical puede verse comprometido, sobre todo con colgajo. Un estudio clínico con datos de reentrada mostró que la cortical vestibular se mantenía intacta cuando su espesor era igual o superior a 1,8 mm en el momento de la colocación; con espesores en torno a 1,2 mm se registraron más de 3 mm de pérdida ósea vertical. En modelos preclínicos, la necrosis avascular apareció con espesores por debajo de 1,5 mm.
Los autores señalan que evitar el aumento óseo en crestas insuficientes para reducir la carga quirúrgica del paciente, aunque es una decisión comprensible, aumenta el riesgo de pérdida ósea temprana.
Regeneración ósea incompleta
Casi siempre hay un defecto óseo que regenerar, sea cual sea el momento de colocación tras la extracción. Si la regeneración no es completa, la superficie rugosa queda expuesta desde el inicio.
El caso del implante inmediato postextracción es especialmente relevante en la zona estética. Muchos clínicos asumen que el espacio entre implante y alveolo se rellenará de hueso, pero dos estudios con reentrada tras injerto con mineral óseo bovino desproteinizado mostraron que la proporción de sitios con relleno completo y cobertura total del implante osciló entre el 21 % y el 57 %. En un estudio prospectivo a 5 años, el 47 % de los implantes inmediatos presentó una recesión de 1 mm o más.
Por eso la revisión insiste en los criterios de selección del ITI para la implantación inmediata: cortical vestibular intacta, idealmente de 1 mm o más de espesor, y un espacio de al menos 2 mm entre el implante y la pared vestibular. En la colocación temprana hacen falta al menos dos paredes óseas para que el injerto se mantenga; con defectos de una sola pared, lo indicado suele ser un abordaje en dos tiempos.
Malposición del implante
Según la revisión, la posición vestibular del implante es la desviación de posicionamiento más frecuente, y suele relacionarse con una planificación que no parte de la prótesis. Los estudios recogidos por los autores indican que un implante situado demasiado hacia vestibular dentro de la cresta multiplica por 3 el riesgo de periimplantitis frente a la posición guiada por la prótesis, y por 8 si queda fuera de la envolvente ósea.
Otros factores de posición también influyen. En los trabajos citados, los implantes a menos de 3 mm entre sí presentaron 8,6 veces más riesgo, y los implantes situados a mayor profundidad (6 mm o más respecto a la unión amelocementaria de los dientes vecinos), 8,5 veces más. La revisión destaca el papel de la planificación tridimensional con CBCT y de la cirugía asistida por ordenador para lograr una posición correcta.
Factores protésicos
Ángulo de emergencia
En implantes a nivel óseo, un ángulo de emergencia superior a 30–40° se considera amplio, aunque no hay un umbral bien definido. Un estudio preclínico con pilares de 20°, 40°, 60° y 80° mostró una relación dosis-respuesta: a mayor ángulo, mayor pérdida ósea. La recomendación es planificar la posición del implante según la prótesis y dejar espacio restaurador suficiente para usar pilares más largos con ángulos de emergencia más estrechos.
Restauraciones cementadas
Los restos de cemento son el otro gran factor protésico. Los autores recomiendan evitar las coronas cementadas siempre que sea posible, sobre todo en pacientes periodontales y en zonas con regeneración ósea previa. La revisión incluye un caso ilustrativo: un resto de cemento adherido a la porción intraósea del implante, algo que solo es posible si el hueso no llegó a regenerar por completo.

Cofactores bajo la influencia del clínico
Una vez expuesta la superficie rugosa, hay cofactores que favorecen el inicio y la progresión de la periimplantitis. Los autores subrayan que la mayoría están dentro del margen de actuación del profesional:
- Antecedentes de periodontitis. Siguiendo al ITI, no deben colocarse implantes hasta que la enfermedad esté controlada y el paciente haya demostrado adherencia al mantenimiento.
- Tabaco y factores sistémicos. Se estima que la diabetes eleva en torno a un 50 % el riesgo de periimplantitis; el riesgo disminuye cuando está controlada.
- Adherencia del paciente. La proporción de pacientes que cumplen plenamente con las revisiones varía entre el 3,3 % y el 86,8 % según los estudios. Si hay dudas sobre el compromiso del paciente, los autores aconsejan no iniciar el tratamiento.
- Falta de mucosa queratinizada, desajuste protésico y prótesis sobrecontorneadas o difíciles de higienizar.
- Detección tardía de la pérdida ósea inicial o de cambios en la mucosa, y mantenimiento insuficiente. Si se detectan cambios, conviene acortar el intervalo de revisiones.
Qué supone para la práctica diaria
La revisión se puede resumir en cinco ideas prácticas:
- Planificar desde la prótesis, con CBCT, para evitar malposiciones y crestas insuficientes sin aumento.
- Asegurar una regeneración ósea completa, seleccionando con rigor los casos de implantación inmediata.
- Considerar implantes de diseño híbrido y colocar la superficie rugosa ligeramente subcrestal.
- Optar por restauraciones atornilladas y ángulos de emergencia estrechos.
- Controlar la periodontitis antes del tratamiento y mantener un programa de seguimiento activo.
Como resumen de la propia revisión: la mayoría de los casos de periimplantitis son complicaciones prevenibles, y prevenirlas exige un cambio de mentalidad hacia un modelo basado en la complicación.
Cómo encaja con los sistemas de Southern Implants
La revisión recuerda que los implantes originales de Brånemark, de superficie mecanizada, mostraron una prevalencia de periimplantitis del 1,2 % con seguimientos de entre 13 y 32 años. Southern Implants se fundó en 1987 de la mano del profesor P-I Brånemark, por lo que esta línea de evidencia forma parte de su propia historia. Los datos citados corresponden a los implantes Brånemark originales, no a implantes Southern.
Varias de las recomendaciones de la revisión tienen traducción directa en el diseño de implantes y componentes. Southern Implants ofrece soluciones alineadas con esos principios:
- Implantes MSc (Machined Surface Coronal). Diseño híbrido con unos 3 mm de superficie mecanizada en la zona coronal y superficie moderadamente rugosa en la porción intraósea. Están pensados especialmente para pacientes de mayor riesgo, como fumadores, pacientes con antecedentes periodontales o con diabetes no controlada.
- Implantes IT. Implantes a nivel tisular con collar mecanizado.
- Funcionalidad Co-Axis®. Corrección de la angulación protésica de 12° en la propia plataforma del implante, lo que facilita mantener restauraciones atornilladas cuando el eje del implante no coincide con el de la prótesis.
- Pilares para restauración atornillada, incluidas opciones CAD/CAM, en línea con la recomendación de evitar el cemento.
Nota: la revisión de Chen et al. no evalúa productos de Southern Implants. La relación se establece con los principios de diseño y protocolo que recomiendan sus autores.
Si trabaja casos postextracción, en zona estética o en pacientes con perfil de riesgo y quiere valorar qué sistema se ajusta mejor a cada indicación, nuestro equipo técnico puede ayudarle.
Contacte con el equipo técnico de Southern Implants Ibérica
Referencia
Chen ST, Monje A, Strauss FJ, Schwarz F, Roccuzzo A, Sailer I, Tarnow D, Lambert F, Jovanovic S, Buser D. Peri-implantitis—Is it mainly a clinician-initiated complication of implant therapy? Periodontology 2000. 2026. https://doi.org/10.1111/prd.70051
Artículo de acceso abierto. Los autores declaran no tener conflicto de intereses y el trabajo no recibió financiación.

Preguntas frecuentes
¿La periimplantitis es inevitable en pacientes con implantes?
No. Según la revisión de Chen et al. (2026), la mayoría de los casos son complicaciones prevenibles relacionadas con factores diagnósticos, quirúrgicos o protésicos. En el estudio retrospectivo que citan, el 71,2 % de los casos tuvo un desencadenante relacionado con el clínico.
¿Qué es un implante de superficie híbrida y por qué se recomienda?
Es un implante con superficie rugosa en la parte que queda dentro del hueso y superficie mecanizada (lisa) en la zona del cuello. Si se produce algo de pérdida ósea inicial, la zona expuesta al surco es lisa, con menor adhesión bacteriana. Los autores recomiendan considerarlo, sobre todo en pacientes de riesgo.
¿Qué posición del implante se asocia con más riesgo?
Según la revisión, la posición demasiado vestibular. En los estudios que recoge, un implante situado demasiado hacia vestibular dentro de la cresta triplica el riesgo de periimplantitis, y fuera de la envolvente ósea lo multiplica por 8. La planificación guiada por la prótesis es la principal medida preventiva.
¿Son preferibles las coronas atornilladas a las cementadas?
La revisión recomienda evitar las coronas cementadas siempre que sea posible, sobre todo en pacientes periodontales y en zonas regeneradas, por el riesgo asociado a los restos de cemento.
¿Un paciente con periodontitis puede recibir implantes?
Sí, pero no mientras la enfermedad esté activa. Siguiendo la recomendación del ITI recogida en la revisión, primero debe completarse el tratamiento periodontal y comprobarse la adherencia del paciente al mantenimiento.